Sólo habrá igualdad entre hombre y mujer cuando acabemos con la explotación

En nuestro país hay tres montañas que debemos derribar como pueblo: la Semifeudalidad, el Imperialismo y el Capitalismo Burocrático. Pero, a las mujeres populares les corresponde derribar una cuarta montaña: la opresión de sexo sobre la mujer.

La opresión de la mujer es antigua y va de la mano con el surgimiento de la propiedad privada, momento histórico en el cual la mujer y los hijos pasan a ser propiedad del marido. Si bien las mujeres se incorporaron en masa a la fuerza laboral con el desarrollo del Capitalismo en el siglo XIX, preparándose condiciones para su emancipación, el trabajo asalariado fue una forma encubierta de esclavitud laboral y doméstica para la mujer popular. Todo ello dejo en claro que la verdadera liberación de la mujer solo puede lograrse con la emancipación de la clase obrera y el pueblo, no independientemente como plantea el feminismo burgués.

El Chile de Hoy

En nuestro país, a pesar que la participación de la mujer en el trabajo se ha incrementado desde la década de 1990, la brecha entre los salarios de hombres y mujeres se mantiene. Según datos de la Fundación Sol, el 74% de las mujeres trabajadoras en Chile gana menos de $350.000 líquidos y muchas veces son ellas las que deben sustentar los gastos del hogar. Ya sea porque son madres solteras, porque el salario de su compañero no alcanza o por la cesantía del hombre. Esto evidencia la base material de la opresión de la mujer.

Actualmente, el viejo Estado burgués-terrateniente busca frenar la fuerza revolucionaria de la mujer y trata de engañarla mostrándose preocupado por su desarrollo, cuando en realidad sólo es mano de obra a menor costo que la de los hombres en una gran cantidad de empleos. Esto lo hace a través de los proyectos o programas bancarios para las mujeres emprendedoras, la creación de bonos por hijo, empleos temporales, etc.

De los empleos femeninos creados en los últimos 5 años, un 60,9% del total del es de proyección inestable. Es decir, la mujer es destinada principalmente a la economía informal. El 97 % de las trabajadoras de servicio doméstico son mujeres, quienes con dolor deben dejar a sus propias familias, para cuidar hijos que no son propios y de una familia que muchas veces las desprecia. El trabajo de “nana” es trabajo de servidumbre, correspondiente a un trabajo de una sociedad atrasada, feudal y no a una sociedad con igualdad de derechos para las mujeres, como se jactan en las leyes y la publicidad estatal.

El 70 % de los ocupados en trabajos no remunerados son mujeres. Allí se consideran, por ejemplo, las mujeres que trabajan en un almacén familiar sin recibir ningún salario a cambio. De esta forma, la familia de pequeños comerciantes, traspasa trabajo gratuito a los grandes monopolios, tales como Confort, Coca Cola, Lucchetti, etc., y al Servicio de Impuestos Internos, ya que si ellas no realizaran ese trabajo, ese negocio sería insostenible en términos económicos. Para los grandes monopolios es un ahorro que los pequeños comerciantes distribuyan sus productos, pues los “contratos” son siempre a favor del grande.

Respecto a la sindicalización, la mujer también tiene un menor nivel de participación comparado con los hombres. Aunque la afiliación a sindicatos en general es muy baja, la mujer sindicalizada solo llega al 12,7% del universo total de trabajadoras.

Estos datos corroboran que el Capitalismo Burocrático no favorece ni mejora las condiciones de la mujer y el pueblo en general, sino al contrario.

La condición de doble opresión que pesa como cuarta montaña sobre la mujer del pueblo se expresa en el bajo salario y el trabajo doméstico no retribuido. Además, se suma el hecho de las concepciones ideológicas atrasadas, patriarcales, que ven a la mujer como alguien no capacitado o sólo como un simple objeto sexual, concepción que ha permitido vejámenes y crueles acciones contra las mujeres. Debiéramos pensar que ¿esos hombres se volvieron locos o explotaron de un momento a otro? como lo muestra la prensa monopólica?. Sin duda, en cada uno de los casos de ataques sexuales y/o físicos a mujeres hay condiciones específicas que lo provocan. Pero se producen en el marco de un sistema enfermo, egoísta, individualista, destructivo, avariento, propio de una sociedad de clases estrujada por monopolios. Esta es la base para que existan estas ideas y acciones erróneas contra la mujer, la que pretenden mostrar como indefensa e inferior. Nada más falso, porque estamos rodeados de ejemplos de gran valentía, tenacidad y lucha de la mujer popular.

Las mujeres tenemos poderosas razones también para luchar por transformar las condiciones de base que generan todo tipo de opresión. Allí donde el feminismo burgués intenta engañar diciendo que “el género nos une, la clase nos divide”, el feminismo proletario busca en primer lugar la unidad de los hombres y mujeres de la clase obrera y el pueblo.

Al estudiar y comprender que la explotación de la mujer tiene su origen en el inicio de la sociedad de clases, se puede ver con claridad que la emancipación de la mujer solo se logrará en la medida que el pueblo conquiste el poder y acabe con toda forma de opresión y explotación.

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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