WEICHAFE JULIO WENTECURA, ¡PRESENTE!

Publicado en la edición impresa n° 52 de Periódico El Pueblo, octubre 2016.

Por la tarde del 25 de septiembre, con­versamos con un integrante de la Or­ganización Meli Wixan Mapu en el par­que Quinta Normal. Acá entregamos la primera parte de la entrevista, donde nos cuenta quién fue Julio Wentecura, como también sobre la organización y la vida de los mapuche en Santiago.

¿Quién fue Julio Wentecura?

Por un lado, Julio fue un dirigente de la organización Meli Wixan Mapu, pero también fue un weichafe, un guerrero que renació de estos tiempos. Él, así como lo hizo Matías Catrileo, optó por irse al sur a las comunidades en lucha directa por la recuperación de tierras, por el control territorial, en comunidades que estaban movilizadas.

Julio tuvo un carisma muy especial, por­que él además tenía una postura muy desde lo urbano. Andaba con su chaque­ta de cuero, se reivindicaba rockero, pero mapuche y, sobretodo, de población. Es­tuvo mucho tiempo ligado a trabajos más populares, de base, que es un proceso muy similar al que uno puede encontrar en mucha gente mapuche en Santiago, jóvenes hijos de personas que vivieron la migración forzada.

Sobre todo durante la mitad del siglo XX en adelante, los padres callaron el idioma, callaron las costumbres, entonces es de una generación que se viene reivindican­do como mapuche. Pero, Julio también peleó por un espacio, porque se recono­ciera la lucha del mapuche en la ciudad.

La primera detención de Julio fue en Te­muco. En ese entonces, las comunidades de Collipulli se estaban movilizando. En el contexto del proceso judicial que llevaba Víctor Ancalaf y su gente se toman el Tri­bunal de Collipulli, a mediados del 2000. A raíz de eso es la primera detención de Julio. Él fue parte de la gente que se tomó el Tribunal y acusaron a todo ese grupo de secuestro, estando detenido más de un año bajo ese argumento.

Después, el 2003 vuel­ve a caer detenido y fi­nalmente en Osorno lo toman. Tras ello salió con libertad provisio­nal y no quiso volver, por eso lo tomaron acá en Santiago y es ahí cuando en la cárcel de Santiago entran a la cel­da, matándolo de una puñalada.

¿Qué significa para ustedes como mapu­che estar en Santiago?

El mundo mapuche en Santiago es muy am­plio, muy diverso, es todo un mundo. Yo creo que muchas veces es la gente de afuera la que no comprende que es una cul­tura y un pueblo. No es como los antropólogos hacen ver, como si fuera una cuestión uni­forme.

Yo creo que hay una clara con­ciencia de un dolor y una pér­dida. Nos convoca la pérdida de decir que hay un territorio que nos fue usurpado. Por un lado, uno siempre se aferra a las co­munidades que van recuperan­do tierras, pero por otro, uno también tiene un sentimiento que se construye en Santiago. Tal vez son muchas las cosas que cuesta que se entienda. Si no existiera gente que pudiera apoyar en Santiago, el tema estaría completamente cerrado. Eso nos une bastante, esa con­vicción política que aquí hay una usurpa­ción histórica y cotidiana.

Desde Pinochet para adelante se produ­ce un nuevo desplazamiento, una nueva operatoria súper clara con los delitos fo­restales, con todas las inversiones ener­géticas, con la Ley Indígena. Hay toda una manera en que el Estado y su política indígena se acomodan para inventar el mapuche urbano. Nosotros somos bien cautelosos de esas definiciones, porque si bien hay recursos que permiten que mu­cha gente se vuelva a identificar, se vuelva a organizar como mapuche, también hay mucho de que compren su cultura como un instrumento, pero tierra no hay en ninguna parte.

Respecto a la discriminación, ¿cómo ha sido ésta en Santiago?

Hoy día no se palpa tanto, pues no es mal visto que estemos haciendo esta ac­tividad acá, pero sí lo era hace 20 años. Pero esto es producto de la lucha que se ha dado, ya que si las comunidades no se hubieran levantado, no se hubiera gana­do ese respeto. La experiencia del colegio es muy discriminadora y son muchos los relatos de gente que tuvo que aprender a defenderse a los combos diciendo: “¡No soy indio, soy mapuche!”.

Aunque, también está el ejemplo contra­rio de los que se quedan callados y pre­fieren asimilar el ser chileno no más. En lo laboral también se siente, pues hay que pensar que antes nadie se reconocía ma­puche en la ciudad. La gente estaba dis­puesta a venir, dormir en una panadería, dormir de sol a sol, tal como las nanas puertas adentro que es la realidad de las mamás de muchos de nosotros.

¡FIN A LA MILITARIZACIÓN DEL TERRITORIO MAPUCHE!

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS MAPUCHE Y NO MAPUCHE!

¡TIERRA PARA QUIEN VIVE Y TRABAJA EN ELLA!

¡FIN DE LA REPRESIÓN A LAS FAMILIAS MAPUCHE!

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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