APOYAR LAS GUERRAS CONTRA EL IMPERIALISMO

Publicado en la edición impresa n° 54 de El Pueblo (Diciembre de 2016)

APOYAR LAS GUERRAS CONTRA EL IMPERIALISMO

Combatir la propaganda yanqui

Como parte de las masas pobres y de los sectores democráticos, lo primero que debemos hacer es tomar posición por la liberación de los pueblos y contra la guerra de agresión imperialista.

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Durante las décadas del 70-80 del siglo pasado, las masas de Chile resistieron heroicamente contra la Junta Militar Fascista. Durante estas jornadas de lucha y resistencia, muchas organizaciones y personas buscaron en la Iglesia un refugio o un “paraguas” para llevar a cabo distintas actividades anti-pinochetistas.

Si alguien hubiera dicho que no se debía apoyar la resistencia porque los grupos de izquierda tenían lazos con la Iglesia, que es una institución retrógrada, hubiera sido tomado como un loco, porque la lucha no es contra la religiosidad de las masas, sino contra el imperialismo y sus lacayos.

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Ahora, dicho esto, es necesario aplicar el mismo criterio para la lucha de los pueblos de Medio Oriente Ampliado, tomando posición por la resistencia de las masas y rechazando la propaganda imperialista yanqui, quienes dicen que su invasión de rapiña es “guerra contra el terrorismo” o “guerra contra el “fundamentalismo (fanatismo) religioso”.

Con la acusación de “terrorismo” y “fundamentalismo”, el imperialismo yanqui busca presentar su invasión criminal como si fuera una guerra justa, para dividir el movimiento de resistencia antiimperialista y aislar a quienes han decidido tomar las armas en su lucha por la justa liberación nacional.

A los revolucionarios nos corresponde rechazar este plan yanqui que pone a las masas árabes el cartel de “terroristas” y “fundamentalistas”. Primero, porque el Islam no es la causa de sus sufrimientos, sino que es la opresión, explotación y las masacres imperialistas. Segundo, porque la condena que el imperialismo yanqui hace al Islam es una condena racista, que apunta contra los elementos culturales y nacionales de los pueblos de Medio Oriente Ampliado.

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Debemos combatir también la teoría de la conspiración que plantea que el Estado Islámico, Hamas, etc. son dirigidos por el mismo imperialismo yanqui. Porque si bien el Estado Islámico es un enemigo útil para el imperialismo, no podemos negar que llevan acciones en contra de las fuerzas vivas de las tropas invasoras. Además, porque afirmar que todo es una conspiración, que todo es un montaje, es lo mismo que decir que el pueblo no es capaz de luchar y no puede ser independiente del imperialismo.

Ya Carlos Marx había observado que el Islam tenía un elemento revolucionario contra el colonialismo, que consistía en el mandamiento de no permitir que “ningún infiel (extranjero) pisotee la tierra del Islam”.

El dirigente Ajith del Partido Comunista de la India (Maoísta) ha observado también que en los países semifeudales las luchas armadas no son choques entre grupos reaccionarios, sino que luchan entre liberación y opresión. Ahora, la opresión la ejerce el imperialismo, principalmente yanqui, mientras luchan por la liberación todos aquellos partidos y organizaciones que luchan por expulsarlos. Esto es parte de las guerras de todo tipo que se desencadenan y que terminarán poniendo la lápida al imperialismo y la reacción.

La situación actual es la siguiente: el imperialismo se vuelve más monopólico, más parasitario y con mayor descomposición. Para salir de su crisis final recurre a más militarización: Invade tierras extranjeras, provocando muertes y desplazamientos a los propios países imperialistas, teniendo como consecuencia que las acciones de guerra antiimperialista se devuelven a sus propios suelos. Lo que los imperialistas llaman “atentados terroristas” son, en realidad, acciones de la guerra que se les devuelve a su propio territorio.

El imperialismo busca poner al proletariado de sus países en contra del proletariado y el pueblo de los países semicoloniales. Sin embargo, con su mayor militarización y recorte de los derechos conquistados en arduas jornadas de lucha, los Estados imperialistas se van transformando en cárceles para los obreros de sus países. Así, vemos que la lucha obrera se desarrolla en EE.UU, Alemania, Francia, España, etc. y que frente a la ofensiva contrarrevolucionaria imperialista es necesario que el proletariado de todos los países actúe unido, desarrollando en cada país guerras populares como parte de la Revolución Proletaria Mundial, uniéndose a las luchas y guerras de liberación nacional. Ambos torrentes antiimperialistas deben confluir para golpear con un solo puño a la reacción mundial.

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