EL LUMINOSO CAMINO DE OCTUBRE

Publicamos el siguiente texto escrito en Brasil que busca desmenuzar la gran trascendencia de la Revolución Rusa de 1917 para el proletariado y los pueblos oprimidos del mundo.

Haciendo un excelente análisis de este tremendo acontecimiento, del que en el 2017 se cumplen 100 años, el profesor Fausto Arruda expone el contexto y las causas internas de Rusia que permitieron el triunfo y la construcción socialistas, dando cuenta de las enormes conquistas políticas, económicas y sociales, para luego denunciar los ataques y usurpaciones revisionistas del primer Estado proletario del mundo.

Finalmente, la exposición conduce directamente a las lecciones llevadas al plano interno del Brasil mismo, donde las fuerzas revolucionarias combaten a los oportunistas y revisionistas como tarea fundamental para llevar a cabo la revolución en Brasil y contribuir a la liberación del mundo entero.

Escrito por el profesor Fausto Arruda de Brasil.

Todos los años, el aniversario de la Revolución de Octubre de 1917, los revolucionarios y demócratas avanzados en todo el mundo celebran el gran acontecimiento que cambió el rumbo de la historia de la humanidad e inauguró una Nueva Era. La reacción, a través de todos los medios, no deja de aprovechar oportunidad como ésta para, una vez más, destilar su más rabioso rencor contra la revolución proletaria.

Transcurridos 90 años, los reaccionarios y sus potentes medios de comunicación, a pesar que ya han decretado por mil veces la muerte y fin de comunismo, gastan ríos de tinta y montañas de papel en un esfuerzo frenético por reescribir la historia, sepultar toda la verdad y arrojar un mar de lodo sobre los gloriosos y heroicos hechos de las masas revolucionarias y especialmente de sus grandes jefes.

Interesante notar que, en este intento obstinado, las publicaciones y difusores de la reacción insultan y maldicen al gran dirigente comunista José Stalin, tras abarrotar montañas de mentiras y sandeces sobre su honrada y revolucionaria trayectoria. Con el mismo empeño, que llega a rayar en lo grotesco y ridículo, ensalzan la figura de Leiva Davidovich Bronstein –Trotsky- como el mayor discípulo de Lenin al igual que como la “inteligencia sin igual” en la dirección de la revolución. Los más empedernidos trotskistas ganan espacios nobles en los principales medios de los monopolios de comunicación para dar sus versiones pequeño-burguesas de la Revolución de Octubre de 1917 y, claro, engrosar el coro de la reacción en su triste tarea de difamación de Stalin.

En verdad, dígase de paso, Trotsky después de una trayectoria sinuosa y oportunista, marcada por profundas contradicciones con Lenin, en cuestiones teóricas e ideológicas, sólo llegó al Partido Bolchevique en vísperas de la revolución. Y pocos años después del triunfo de la revolución fueron suficientes para revelar completamente su verdadero papel traicionero.

La Revolución de Octubre de 1917 es un inmortal e impagable acontecimiento histórico. Llegará el tiempo que nuevos vientos revolucionarios barrerán toda la inmundicia lanzada contra ella.

¿Cómo y por qué triunfó la Revolución de Octubre?

Hace 90 años las masas de obreros, campesinos y soldados rusos derrumbaron el Estado autocrático del zar Nicolás II e hicieron dos revoluciones. En febrero la revolución democrática dio lugar a un régimen burgués e imperialista feudal y, contra él, la revolución socialista triunfó el 25 de Octubre (7 de Noviembre en el calendario occidental). Después de un breve periodo, levantaron su propio Estado, inaugurando un periodo que llenaría de esperanzas a los trabajadores y de temor a los reaccionarios del mundo entero.

La existencia de un partido de nuevo tipo, armado con la poderosa línea ideológico-política marxista fue el factor decisivo para la victoria de la revolución, y además, claro está de la acertada conducción en la alianza obrero-campesina y la propia situación concreta de crisis que existía en Rusia. Este partido, con lazos indisolubles con las masas, tomó el poder político, promovió la expropiación de los capitalistas y latifundistas, socializó los medios de producción, destruyó la maquinaria burocrática-administrativa-policial-militar y estableció el poder estatal del proletariado sobre nuevas bases, todo apoyado por la fuerza de las masas armadas.

En 1917 el mundo se encontraba sumergido en una crisis. Hacía ya tres años que los países imperialistas se habían arrojado a una guerra por el reparto de las colonias y semicolonias, teniendo a Rusia, país atrasado en relación a las demás potencias imperialistas, ingresado en una de las coaliciones que promovían el conflicto, la I Guerra Mundial. Centenas de millares de soldados del ejército zarista eran campesinos sedientos de tierra y justicia, insatisfechos con una guerra injusta. Se sumaba a esto la existencia de un proletariado con gran experiencia en la lucha de clases y muy concentrado en algunas ciudades. Solamente los bolcheviques, dirigidos por Lenin y forjados a lo largo de duras luchas contra el oportunismo y el revisionismo, comprendieron que allí, en Rusia, estaban reunidas las condiciones para la realización de la primera revolución proletaria victoriosa de la historia.

Grandes hechos y conquistas

Así, la política acertada del Partido Bolchevique condujo no solo al triunfo a la insurrección armada sino que aseguró el establecimiento y construcción de un nuevo poder, el de los Soviets, el Poder político del proletariado basado en la alianza obrero-campesina y la más avanzada democracia, la Dictadura del Proletariado. El primer decreto del nuevo poder estatal socialista fue el de la paz con Alemania. Estableció todos los derechos reclamados por los trabajadores y pasó el control de las fábricas a los obreros, entregó la tierra a los campesinos pobres, instituyó la igualdad de la mujer y respondió al problema de las nacionalidades y minorías nacionales oprimidas basado en el derecho de los pueblos a la autodeterminación, creando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ya en los primeros años.

En cuanto la reacción y el imperialismo emprendían inútiles sabotajes y agresiones, el pueblo soviético, dirigido por los bolcheviques, levantaba monumentos a la capacidad y creatividad humanas, cosas que sólo el mismo pueblo es capaz de realizar.

Primero en la guerra civil contra los parásitos burgueses, feudales y zaristas y para expulsar a los ejércitos de 15 países que ocuparon Rusia en socorro de las clases explotadoras derrotadas. Luego emprendió el camino de la construcción del socialismo en un solo país en las condiciones de cerco imperialista, para lo que contó con el apoyo y solidaridad de millones y millones de trabajadores y progresistas en todo el mundo.

En el corto periodo de 25 años, el naciente poder del proletariado se enfrentó a la guerra civil, realizó la electrificación e industrialización, la cooperativización del campo y aún soportó la devastación indescriptible practicada por las hordas hitleristas, con el genocidio, la matanza y muerte de más de 25 millones de sus compatriotas. Ayudó en la liberación de numerosas naciones de las garras nazi-fascistas y reconstruyó una vez más el país, adelantando a las naciones capitalistas más desarrolladas en el campo de la ciencia y la técnica.

EL SIGNIFICADO INTERNACIONAL

La Revolución de Octubre sacudió el yugo del capital en todo el mundo, haciendo estremecer los cimientos del imperialismo. Y forjó una nueva arma para el proletariado –la teoría y la táctica de la revolución proletaria-, apuntando a los pueblos oprimidos de todos los países el camino para el triunfo del socialismo, lo que elevó al marxismo a su segunda etapa, el marxismo-leninismo. Era la ruptura del monopolio del poder político por la burguesía en el mundo y de la condición del mercado capitalista como mercado mundial único.

Alentados por los acontecimientos en Rusia, los proletarios de todo el mundo redoblaron de iniciativa revolucionaria a Europa y Estados Unidos, además de incontables movimientos de liberación nacional en las colonias y semicolonias. Como se verificó en China, la revolución democrático-burguesa ganó nueva forma con la dirección del Partido Comunista y del Presidente Mao Tsetung, dirigida ahora contra el feudalismo, el capitalismo burocrático y el imperialismo.

Como impacto de la Revolución de Octubre y su significado internacional, el impulso de la revolución china fue la confirmación de que, en la época del imperialismo, las luchas de liberación nacional se convirtieron en parte integrante de la Revolución Proletaria Mundial.

EL REVISIONISMO MODERNO

Con todo, todos los avances alcanzados en la lucha revolucionaria en la aplicación de las tareas de construcción socialista –para el desarrollo de las fuerzas productivas y la máxima satisfacción de las necesidades de las personas- se mostraron insuficientes para asegurar el desarrollo continuado de la revolución y conjurar el peligro de la restauración capitalista. Lenin afirmaba que socializar los medios de producción era la tarea más fácil de la revolución proletaria después de su triunfo. Y que las tareas de eliminar las clases y sus restos y vestigios (las diferencias entre la ciudad y el campo, entre obreros y campesinos y entre trabajo manual e intelectual) eran las más difíciles y complejas, que por tanto demandaría muchos y muchos años (1).

La jefatura bolchevique, bajo la dirección de Stalin, a pesar de los grandes progresos en la resolución de gigantescos nuevos problemas en la construcción socialista, no fue capaz de obtener a tiempo la suficiente comprensión sobre una cuestión crucial como el de la continuidad de la revolución en las condiciones del socialismo y de la Dictadura del Proletariado, en que la lucha de clases seguía y se tornaba más encarnizada y compleja. Además, como demuestran los hechos históricos, fue después de la muerte de Stalin que la contrarrevolución tuvo serios obstáculos para imponerse.

Jruschov dirigió la restauración capitalista en la URSS difamando la dictadura del proletariado a través de las falsas denuncias de los “crímenes” de Stalin. Como el Partido Comunista de la URSS, hasta entonces, tenía reconocido el papel de vanguardia del movimiento comunista internacional, las orientaciones de los restauracionistas arrastraron a los países del campo socialista y a los partidos comunistas en el resto del mundo, llevándolos al campo de la contrarrevolución. Pero a eso se resistió un grupo de partidos liderados por el Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania. Bajo el liderazgo del Presidente Mao y después de algunos años de lucha sorda, en 1963 se destapó la más tenaz batalla ideológica jamás vista. Mao, sustentando el Camino de Octubre y en la defensa del marxismo-leninismo, identificó en el XX Congreso del PCUS (realizado en 1956), el surgimiento y sistematización del nuevo revisionismo y desenmascaró la podrida teoría jruschovista de las “tres pacíficas” y “de los dos todos” (2).

La investigación de las causas de la restauración capitalista en la URSS realizadas por el Presidente Mao confirmaba la concepción marxista-leninista de que en el socialismo las clases y la lucha de clases seguían existiendo, aunque bajo nuevas formas. Mao afirmaba que después de la toma del poder por el proletariado, la lucha entre el camino socialista y el capitalista se agudizaba y que no estaba garantizado de antemano quien vencería a quien, lo que demandaría muchos años e inclusive también muchas décadas. Que dependía de la continuidad de la lucha de clases y de una correcta dirección del Partido Comunista para llevar a cabo la abolición de las mismas.

Defendió la necesidad de distinguir la diferencia de las contradicciones en la sociedad socialista que se dan entre “nosotros y el enemigo” y de aquellas que se dan “en el seno del pueblo”, contradicciones de naturalezas distintas y que para su solución demandan de métodos diferentes.

Mao afirmó: “Nunca debemos olvidar la lucha de clases”, lanzando la gran Campaña de Educación Socialista y el Gran Salto Adelante que finalmente desembocaron en la Gran Revolución Cultural Proletaria. La Gran Revolución Cultural Proletaria movilizó a centenares de millones de chinos en defensa del poder para el proletariado como garantía del socialismo y de la abolición de las clases para pasar al comunismo, meta final de la revolución proletaria; aportó grandes desarrollos al marxismo-leninismo, elevándolo a una nueva y tercera etapa, el maoísmo, e impidió por diez años la restauración capitalista en China.

Entre tanto, aunque desenmascarados, astutamente los revisionistas modernos siguieron defendiendo la vía pacífica y la participación en los parlamentos, negando el Camino de Octubre, sirviendo a los imperialistas y a sus lacayos en los países dominados y provocando la confusión entre las masas para separarlas del camino revolucionario.

LA LUCHA EN BRASIL

En Brasil, como ocurrió en innumerables países, de la misma forma que la Revolución de Octubre impactó profundamente, concurriendo como uno de los factores que llevaron a la fundación del Partido Comunista en 1922, también los resultados del XX Congreso del PCUS y el revisionismo jruschovista provocaron grandes contradicciones.
Una fracción del partido se levantó contra el revisionismo de la dirección de Prestes y en defensa del marxismo-leninismo y del Camino de Octubre, reconstruyendo el partido en 1962. En breve irguió la bandera del Pensamiento Mao Tsetung y de la Guerra Popular. Por insuficiencias de asimilación y dogmatismo de la dirección del partido, la Guerrilla de Araguaia fue derrotada. Esto bastó para que los enemigos del maoísmo en el partido saboteasen el balance crítico de aquella rica experiencia, hecha con la sangre vertida por decenas de heroicos cuadros comunistas y masas, para abandonar la línea revolucionaria y capitular.

Hundiéndose en el revisionismo hoxhista (3) la dirección de Joao Amazonas, a fines de la década de los años70, liquidó por completo el Partido Comunista de Brasil en cuanto partido revolucionario del proletariado, lo que dio lugar, en los años siguientes, a otra organización revisionista bajo las siglas de PCdoB.

Transcurridos 90 años de la Revolución Rusa, el revisionista PCdoB de Renato Rabelo, como todo revisionista que se precia, corrió a exaltarla como “el más destacado acontecimiento social y político de la humanidad” (4), para concluir que eso, no obstante, es cosa del pasado. En su nota, criticó un supuesto “mando centralizador” (5) del Estado Soviético, que habría “debilitado la democracia socialista” (6). Esto, para atacar a la Dictadura del Proletariado y sustentar la dictadura burguesa-burocrática-semifeudal instalada en Brasil, clasificada por él de “democracia”.

Señala además la nota que las condiciones objetivas, en cuanto a la Revolución de Octubre, ya no existen en la actualidad, teniendo en cuenta que “los rasgos actuales del capitalismo cambiaron” (7), lo que llevaría a la necesidad de luchar por el socialismo en las nuevas condiciones del siglo XXI. Obviedades comprendidas por cualquier colegial. Pero, observaciones hechas para defender las tesis revisionistas como las presentadas por Luiz Fernandes, extraídas “de las lecciones de las experiencias fracasadas del socialismo en el siglo XX”, de nuevos caminos a través de la “preservación de mecanismos de democracia representativa” (8).

Hoy, además del jruschovismo clásico, surgen nuevas modalidades de revisionismo. No existen sólo posiciones como las del PCdoB o las de Chávez en Venezuela, que habla sobre un socialismo del siglo XXI sin destrucción de la máquina burocrática-administrativa-militar de la burguesía, sin Dictadura del Proletariado, sin expropiación de la burguesía, de los latifundistas y del imperialismo y sin socialización de los medios de producción.

Existen además procesos en que, tras años de luchas heroicas de las masas en la guerra revolucionaria, sus direcciones pasan a predicar argumentos semejantes, deponiendo las armas e integrándose en el Estado reaccionario. Y además acusan de dogmáticos a quienes persisten en la defensa intransigente de los postulados esenciales del marxismo y del Camino de Octubre, para justificar su capitulación ante el imperialismo y embellecer al capitalismo y perpetuar su Estado. El Presidente Mao ya había alertado sobre tal truco, respondiendo a los ataques jruschovistas afirmando que todas las desviaciones, entre ellas el dogmatismo, eran maléficas, pero que, ineluctablemente, el peligro principal seguía siendo el revisionismo.

EL TRIUNFO ELECTORAL DEL OPORTUNISMO

El predominio del revisionismo moderno de Jruschov en el interior del movimiento comunista de América Latina lo adiestró en las ilusiones constitucionales y causó profundas secuelas y reacciones de todo tipo como la influencia del foquismo. Después de la derrota de los procesos revolucionarios en la región en las décadas de los años 60 y 70, y en función de la carencia de una dirección proletaria que fuera rota por la contrarrevolución y con el consiguiente reinado del revisionismo, se creó el ambiente para el surgimiento de una tal “nueva izquierda” con discursos radicales y grandes apetitos oportunistas y electoreros.

Exguerrilleros arrepentidos, nacionalistas, trotskistas de diversas sectas, sectores de la Iglesia católica y sindicalistas formados por los institutos yanquis para el “sindicalismo libre”, se conformaron en un verdadero cártel de oportunismo. De las fuerzas que continuaron la lucha armada, con raras excepciones, capitularon y renegaron de la revolución en las décadas siguientes de los años 80 y 90. De las que continuaron n la luchar armada revolucionaria, rigurosamente sólo el Partido Comunista del Perú siguió sustentando el marxismo-leninismo a través del maoísmo y de la guerra popular. Y también con los duros golpes sufridos en el auge de la ofensiva general de la contrarrevolución mundial en el inicio de los años 90, la Revolución Peruana siguió adelante con la guerra popular combatiendo la capitulación y enfrentándose a viento y marea. En otras partes del mundo continuaron guerras populares en Turquía, en las Filipinas y en la India. También luchas clasistas y revolucionarias continuaron en muchos países y han propiciado el surgimiento o resurgimiento de partidos comunistas auténticos. La lucha antiimperialista crece cada día y tiene inspiración en la heroica resistencia patriótica en Irak, en la resistencia palestina y en Afganistán.

Cabalgando sobre las masas que iniciaron el siglo XXI resistiendo desesperadamente las políticas del imperialismo de saqueo y superexplotación y prometiéndoles el cielo, el cártel del oportunismo triunfó electoralmente y de forma encadenada en la mayoría de los países de la región. Ya a través de la administración del viejo Estado, presentando las mínimas promesas, se dedicaron a aplicar las políticas que decían combatir y a presidir la represión de las masas.

Integrando el cártel oportunista, también se encuentran curtidos revisionistas y partidos que se escudan bajo la máscara de marxistas-leninistas o incluso de maoístas. Juntos anuncian el surgimiento y papel central de nuevos “actores sociales”, según ellos, revelados por la nueva realidad social surgida en el mundo con la bancarrota del “socialismo real” y el establecimiento del “Nuevo Orden” de la “Globalización”. Proclamando el fin o secundarización de las clases, apuntan como agentes transformadores a la gama de manifestaciones denominadas como “movimientos sociales”: las “ONGs”, el “ecologismo”, la “cuestión de género” y “homosexualismo”, el “indigenismo” y el “neoanarquismo”, la “cuestión racial” y “antiglobalización”.

A pesar del discurso de “transparencia” y “horizontalidad” anunciados a bombo y platillo, la práctica de sus organizaciones y de sus gobiernos no van más allá de los más vulgares y rastreros métodos burgueses de autoritarismo, de populismo, de tutelaje de las organizaciones sociales, de corporativización de las masas y de mero asistencialismo.

Pero en toda América Latina, incluso dentro del ambiente aún de ofensiva de carácter general de la contrarrevolución a nivel mundial, las masas resisten y cada vez crecen más las luchas combativas. Aunque el oportunismo haya prevalecido temporalmente, desviando a las masas del camino revolucionario para mantenerlas eternamente atadas al viejo Estado, las luchas y rebeliones son preludio de un nuevo momento de la situación revolucionaria en desarrollo.

La base objetiva de esta situación fue generada por la crisis crónica de un sistema semicolonial, secularmente impuesto en el continente por el imperialismo, principalmente yanqui, que empuja al pueblo al combate. En los últimos años, esta crisis se agravó como consecuencia directa de la descomposición de la propia base material y del impacto sobre ella de la restructuración mundial del capitalismo denominada “globalización”.

El surgimiento de estos gobiernos caracterizados por los analistas burgueses como viraje a la izquierda en América Latina, representa nada más que, en última instancia, la reacción de la fracción burocrática de la gran burguesía de los países de la región. Éstas, que fueron –después de décadas enteras de hegemonía- destronadas del centro del aparato del Estado, y hacen del proyecto electoral de los oportunistas reformistas burgueses, la esperanza de retomar la posición perdida, reestructurar el Estado e impulsar el capitalismo burocrático.

Existe una relación indisoluble entre la existencia del imperialismo, de las colonias y semicolonias por él esclavizadas y dominadas, con el problema nacional, la democracia y la conquista del Poder por el proletariado. Por eso mismo, en América Latina, el verdadero camino del socialismo, muy lejos de las caricaturas de socialismo y quimeras vía “referéndums”, es el de la lucha dura y prolongada de la revolución de nueva democracia. Esto como condición indispensable para barrer la semifeudalidad, el capitalismo burocrático y la dominación imperialista, llevar a cabo la revolución de Nueva Democracia y pasar ininterrumpidamente a la revolución socialista, sirviendo al mismo tiempo a la revolución mundial y a la meta final del comunismo.

Así es que, en este cuadro, el gran desafío para las masas populares latinoamericanas, como del resto del mundo, es más que nunca el de seguir el Camino de Octubre. El Camino de Octubre, confirmado por la experiencia de todas las demás revoluciones populares y proletarias, enseña que es necesario desenmascarar al oportunismo y al revisionismo, liberando las inmensas energías revolucionarias de las masas y crear la fuerza armada revolucionaria, para derrotar a la reacción local y al enemigo común, el imperialismo. Por último, los factores que aseguraron el triunfo del Gran Octubre, se pueden traducir todos en una sola verdad proferida por Lenin: “Educar al partido y a las masas en el combate implacable al oportunismo y en la violencia revolucionaria”.

Al asestar un golpe certero al enemigo común, la Revolución de Octubre dio a los pueblos de todos los países un ejemplo y mostró el camino de la lucha de liberación de las masas explotadas y oprimidas. Mostró los medios de las masas para concretizar el derecho de decidir sobre sus propios destinos. ¡Las enseñanzas de la Revolución de Octubre y el Camino de Octubre seguirán vigentes hasta que toda la burguesía y toda la reacción sean barridas del poder en todo el mundo!

Notas

(1) Lenin – Economía y Política en el periodo de la Dictadura del Proletariado – Obras Completas.

(2) Las “tres pacíficas” y los “dos todos” fue como denominó el Presidente Mao al conjunto de las tesis de Jruschov presentadas en el XX Congreso del PCUS y sistematizadas en el XXII. Las Tres pacíficas son: la coexistencia pacífica, la transición pacífica y la emulación pacífica, con las cuales preconizaba la imposibilidad del camino revolucionario en los países capitalistas y de la lucha de liberación delos pueblos y naciones oprimidas, en un mundo en que existían bombas atómicas. Por tanto, sólo restaba al proletariado y a los pueblos oprimidos intentar el camino del parlamento burgués para su liberación; la paz debería conseguirse a cualquier precio y el socialismo vencería probando al mundo por la comprobación práctica (en la URSS) que él era el mejor sistema social. Los Dos todos son: Estado de todo el pueblo y Partido de todo el pueblo, con que fundamentaba que el Estado socialista era ahora un Estado de todo el pueblo, pues no existían más clases antagónicas en la URSS y, por tanto, ya no había necesidad de Dictadura del Proletariado. Con esto, negaba la existencia de las clases y la lucha de clases en todo el periodo del socialismo y revisaba el concepto marxista del Estado, según el cual el Estado es el producto de la sociedad de clases siendo él el instrumento especial de represión de la clase dominante. Y además, negaba el carácter de clase del Partido Comunista, denominándolo el partido de todo el pueblo y ya no más partido del proletariado.

(3) De Hoxha, líder del Partido del Trabajo de Albania. El revisionismo de Hoxha consiste en negar la existencia de las clases y de la lucha de clases en el socialismo y de aferrarse al dogmatismo. Después de reconocer las contribuciones de Mao al marxismo-leninismo, reculó pasando a negarlo y a atacarlo, haciendo coro con la reacción imperialista.

(4) Nota del PCdoB sobre los 90 años de la Revolución Socialista de 1917, en Rusia, 29 de octubre de 2007 (sitiovermelho.org.com.br)

(5) Idem

(6) Ibidem

(7) Ibidem

(8) Desafíos del socialismo en el siglo XXI – Luis Fernandes PCdoB – sitiovermelho.org.com.br

mapa-union-sovietica-con-bandera-sovietica.jpg
Mapa que representa el territorio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Estado creado en 1922 que agrupaba a 15 Repúblicas Socialistas de: Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Estonia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán.
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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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