EL HUMANISMO BURGUÉS Y MÁXIMO GORKI

Esta nota es originalmente publicada en A Nova Democracia y traducida por Cultura Proletaria.

Este 28 de marzo se cumplen 149 años del nacimiento de Máximo Gorki escritor y revolucionario ruso. Para conocerlo y/o recordarlo publicamos estos artículos, escritos a principios de los años 30 y publicados en periódicos soviéticos, donde contesta a cartas de sus lectores y defiende la construcción del socialismo en la Unión Soviética. La indignación contra las injusticias y la conciencia proletaria, ya muy presentes en sus novelas, aparece aquí de una forma más cruda y contundente. Estos dos artículos han sido extraídos del libro “¡En guardia!“.

Los humanistas

La Unión Internacional de Escritores Demócratas, representada por su Secretario General, M. Lucien Quinet, me honró con una invitación para colaborar en el órgano literario de la Unión. Su finalidad es “reunir a los literatos demócratas“. En la Presidencia están Romain Rolland y Upton Sinclair, que me merecen gran estima; pero, a su lado figura el profesor Albert Einstein, y en el comité el escritor Heinrich Mann. Estos dos últimos, como muchos otros humanistas, firmaron recientemente una queja en la Liga de Defensa de los Derechos Humanos contra la ejecución de 48 criminales, organizadores de la escasez alimenticia en la Unión Soviética.

Estoy absolutamente convencido de que, entre los derechos del hombre, no se encuentran el crimen, y sobre todo, el crimen perpetrado contra el pueblo trabajador. La increíble infamia de las maniobras de los 48 es perfectamente conocida. Sé que cometieron un crimen mucho más atroz y sórdido que el de los jefes de los carniceros de Chicago, descritos por Upton Sinclair en su libro “La Selva“.

Los organizadores de la escasez alimenticia suscitaron la justa ira del pueblo trabajador contra el cual era dirigido su odioso complot, y fueron ejecutados por petición unánime de los trabajadores. Pienso que esa ejecución fue perfectamente merecida. Fue la justicia aplicada por el pueblo que, viviendo en condiciones difíciles y privándose de todo para economizar sus fuerzas, se dedica valerosamente a construir un Estado proletario libre de depredadores y parásitos, como aquellos hombres cuyo humanismo sirve para encubrir el saqueo y el parasitismo.

Es evidente que mi punto de vista sobre la ejecución de los 48 difiere significativamente de lo manifestado por la Liga de Defensa de los Derechos Humanos; y como los señores A. Einstein y H. Mann apoyan el punto de vista de la Liga, sólo puedo decir que es imposible, por mi parte, una “aproximación” con ellos, y me niego, por lo tanto, a colaborar con el órgano de la Unión Internacional de Escritores Demócratas.

En estos últimos años, me han pedido varias veces formar parte de los órganos demócratas “humanistas”. No accedí a ninguna de estas invitaciones, y quiero ver si puedo solucionar esa gran falta de gentileza. Dirijo mi respuesta a R. Rolland, U. Sinclair, B. Shaw, H. G. Wells, cuyos nombres se mencionan en la carta de Lucien Quinet y cuya opinión me es indiferente. Me parece que es a ellos a quienes debo explicar mi actitud hacia los intelectuales que tienen el humanismo por profesión.

Después del 9 de enero de 1905, los señores humanistas de Europa, indignados con el asesinato en masa de los trabajadores en las calles de Petersburgo, dieron a Nicolás Romanov el título de “Sanguinario”, título perfectamente merecido, incluso antes de haber cometido este crimen.

Pero no protestaron contra los banquetes ofrecidos por Francia, que además de eso, restableció la financiación del sanguinario Zar, ayudándolo a exterminar por medio de la fuerza y de la prisión a varios miles de rusos.

No había tiempo para esta protesta, porque el terror del Zar duró tres años. En 1910, Wilhelm Ostwald, Richard Miles, Oran Eden, Upton Sinclair y yo, participamos en la organización de los intelectuales internacionales. Esta organización también se hizo cargo de “relacionar” a los humanistas de Europa.

En 1914, Wilhelm Ostwald y Ricardo Miles fueron los primeros nombres del sangriento manifiesto contra Gran Bretaña. En el mismo año, una parte considerable de escritores y académicos rusos -¡todos humanistas! – dieron publicidad a un malvado papel lleno de injurias contra los alemanes, pero no contra el hecho mismo de la guerra. Aquel “papel” procedía precisamente de los intelectuales que hoy, instalados en Berlín y París, combaten estúpidamente el poder obrero-campesino de la Unión Soviética, envenenando con indignas mentiras los cerebros de los humanistas europeos; de los que predican la idea de la intervención militar en la URSS, es decir, que se esfuerzan en la tarea de inspirar la necesidad de una nueva guerra mundial. Por cierto, los que tan ardientemente habían protestado contra las “atrocidades” alemanas, verían con satisfacción estas mismas “atrocidades” alemanas o de cualquier otro país en contra de Rusia.

Tengo que explicar que jamás suscribí ninguna protesta en contra de las atrocidades alemanas o de cualquier otra especie. Sé que la guerra es un foco de atrocidades y que los seres que nada tienen que ver con sus fines se exterminan por un instinto de legítima defensa.

Sé que las guerras son desencadenas por los capitalistas para instaurar un orden de cosas convertidas en atrocidades, con el propósito de la riqueza individial. “La desafortunada Universidad de Kazan” se expandió significativamente en estos últimos años, organizando una especie de institutos especiales para el estudio del tracoma y de la tuberculosis; este año se enriqueció con el Instituto de anatomía. Los periódicos de los emigrantes descubrieron más de una vez la estafa del Rul. Por ejemplo, el periódico de Milinkov, publicado en París, demostró que las “Cartas de un viejo comandante” eran hechas -además, muy mal- en el comité de redacción del Rul.

Todos estos hechos no son más que montículos de polvo, pero cuando se amontonen formaran una nube de polvo y los que sinceramente deseen conocer la verdad sobre la vida de la Unión Soviética, se verán obligados a mirar a través del polvo.

Pero no es esa la cuestión. Se trata principalmente de la masa de los trabajadores de Europa y de América. Con esta nube de polvo de calumnias y mentiras, se intenta, sobre todo, cegar a los trabajadores. Las leyendas sobre el “trabajo forzado” fueron inventadas no sólo con el objetivo de boicotear económicamente a la Unión Soviética, sino también para intentar comprometer a los ojos de los trabajadores la construcción socialista en nuestro país.

Se prepara gradualmente al proletariado para participar en una nueva masacre. En 1914 los socialdemócratas los empujaron a este matadero. En 1918, los “socialistas” ametrallaron a los trabajadores en las calles de Berlín. Esto es lo que no se debe olvidar.

Últimamente he escuchado en un gramófono a un coro de negros. Recogí esta frase:

Vamos otra vez a la guerra en cierta parte“.

Pero como la otra vez, no sabemos por qué“.

Si los proletarios de Europa y de América no quieren ver el exterminio de decenas de millones de hermanos, deben indagar con firmeza a dónde y para qué los llevan. ¡Deben saber a quién tienen que seguir!

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Calumnia e hipocresía

A los camaradas trabajadores de la educación en Orejovo-Zuyevo;

He recibido vuestra carta y agradezco mucho la atención que habéis dedicado a mi trabajo.

Pero, me parece, camaradas, que os engañáis demasiado mostrando vuestra indignación ante el ruido, tan vulgar como ridículo, que hizo la prensa de la burguesía y de los emigrantes; ruido que llamáis “campaña de agitación contra Gorki“.

Ese ruido no es de ahora y creo que no va a terminar antes de mi muerte, porque de hoy en adelante, como antes, como siempre, no abandonaré la posición que me hace adoptar vuestra ardiente energía.

¡Pies quietos ante Gorki!” ¿Por qué? Hay que dejarlos. Sé coger por el cuello y también abofetear, cuando se hace necesario. Que nuestros enemigos gasten las pocas fuerzas que les queda, lo más estúpidamente posible.

Gorki no los irrita tanto como el sonido de la marcha triunfal de los obreros y campesinos de la Unión Soviética, que avanzan hacia su gran objetivo.

La historia “no trae beneficios a nuestros enemigos“. ¿Con qué nos atacan? Alimentan su prensa que vierte diariamente mentiras y calumnias. Pero los capitalistas están asombrados de poder vivir sin las materias primas soviéticas; por eso se ven obligados a desmentir las sórdidas invenciones de sus “lacayos de pluma y ratas de prensa“.

No hace mucho tiempo que su prensa se dedicaba a demostrar que el plan quinquenal era una fantasía. Hoy repite con una insistencia cada vez mayor que es alcanzable.

No hace mucho tiempo los capitalistas imaginaron la estúpida fábula del “trabajo forzado” y ya veis que, poco a poco, comienzan a desmentirla. Seguramente pueden lanzar contra la Unión Soviética a sus trabajadores y campesinos armados con los mejores artefactos mortíferos, ¿pero cómo harán para tapar los ojos y los oídos de sus soldados, que también quieren ser libres, y que saben que en la Rusia moderna no hay esclavos ni desempleados?

Hace quince días, la capital europea lanzaba una nube gris de ese viejo polvo verbal con el que, durante siglos, se han obstruido los oídos y los ojos del pueblo trabajador.

Por la boca del jefe de la Iglesia Católica, el Papa (se trata de Achille Ratti, pontificado desde el 16 de febrero de 1922 hasta el 10 febrero de 1939. Pío XI. 257º Papa), soberano de la “ciudad del Vaticano”, el capitalismo amenazó por la radio urbi et orbi.

Los ricos deben ser considerados como los servidores de la divina providencia, como guardianes y repartidores de sus bienes, a quien Jesucristo confió la suerte de poseerlos“.

Como estas palabras son sólo, a fin de cuentas, la voz de los propios ricos, éstos, sirviendo a la “divina providencia”, no sólo se niegan a alimentar a los 35 millones de parados, sino que también comienzan a especular con la bajada de salarios. Por la boca de la iglesia recomiendan prudencia a los que “nada poseen”:

…que no desdeñen, evocando el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, su pobreza y sus promesas; que no menosprecien la acumulación de las riquezas espirituales que son tan accesibles en nuestro tiempo, y con la esperanza de mejorar la situación dentro de los límites permitidos, se hagan dignos, por la bondad y por el corazón, de la misericordia de Dios, y no se entreguen a actos de injusticia”. “Pedimos a los trabajadores y a los patrones que eviten todo acto de hostilidad y toda lucha recíproca, que se mantengan mutuamente en unión amistosa y fraternal: unos con sus recursos y su dirección, y los otros con su trabajo y su capacidad, sin exigir más de los que es justo ni reclamar nada que no sea equitativo, tratando de no alterar el orden establecido, no sólo por conveniencia personal, sino por conveniencia, no menos importante, del interés general“.

He aquí cómo, camaradas, la Iglesia Católica y romana enseña a los que “nada poseen”, y a los trabajadores, a cumplir su “misión”, que consiste en sustentar el régimen capitalista basado en la escandalosa e inhumana explotación de los trabajadores y campesinos.

El que dice estas palabras “amables”, aunque vacías de sentido desde hace mucho tiempo, sabe que la iglesia del pobre Cristo es diabólicamente rica; que en Italia existe el Banco del Espíritu Santo; que en Alemania también existe otro banco de estos. También sabe que las iglesias de Cristo no se diferencian de los verdaderos bancos salvo en esto: las entregas realizadas por los clientes en la iglesia no son reembolsadas.

Naturalmente, no ignora que los pobres no están en situación de “acumular riquezas espirituales” bajo el régimen capitalista. El “buen” consejo que da a los pobres el príncipe de una de las más ricas organizaciones eclesiásticas puede proporcionar un excelente material para los periódicos satíricos, y es triste que la prensa burguesa con “su libertad de expresión”, esté privada de la libertad de reír.

El príncipe de la iglesia recomienda muy amablemente a los que “gobiernan” el destino del pueblo trabajador, que “hagan el bien y no el mal y se inspiren en la justicia“.

Eso nos da el derecho a esperar que Die hards británicos, así como los buenos burgueses de Francia, con Aristide Briand al frente, acepten el consejo de Roma con toda seriedad posible, con la generosidad y “justicia del alma” que les son características.

Por mi parte quiero esperar a que destruyan inmediatamente sus armas, que abandonen sus propósitos de organizar una red de bandidaje contra los soviéticos y que les digan a nuestros obreros y campesinos: “Vamos, chicos, no tenemos nada contra vosotros. El Papa no quiere que hagamos ningún mal. Y además habéis hecho el bien; ¡continuad, pues, con los mismos sentimientos, que no queremos hacerle daño a nadie!

Después de eso, en sus propios países, invitarán a los trabajadores a convertir sus espadas en ruedas de arados y se dedicarán a alimentar a millones de trabajadores que mueren de hambre. ¿Y si -ironías aparte-, se escuchase la humilde voz del capital, que emana de Roma? ¡Qué falta de ideas tiene esa voz! ¡Qué ingenio más pobre! ¡Y qué hipocresía! ¡Les envío mis cordiales saludos, camaradas que lucháis por un futuro hermoso!

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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