LA VIDA DE CHU TEH

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Nació en Ma-An-Chuang, en la provincia de Szechwan, al norte de China. Su apellido es Chu (Rojo). Su padre lo llamó Teh (Virtud). Siendo muy pequeño realizó, como en una profecia, esa combinación de caracteres contenidos en las dos palabras de su nombre: Chu Teh.

Chu Teh trabajó duramente en una gran casa de campesinos. Era el encargado de todo el trabajo de la granja: vigilaba y guardaba el ganado, llevaba agua a los vecinos del pueblo.

Con la misma tenacidad que demostraría más tarde como comandante en jefe del Ejército Popular de Liberación del pueblo chino, con más de 3 millones de hombres, aprendió a leer en la escuela del pueblo y perfeccionó su físico, ya robusto por la gimnasia, con el fin de convertirse en instructor de cultura física en la escuela primaria.

Desde el día en que, en 1909, ingresó en la Academia Militar de Yunán, su vida ha sido una lucha sin tregua contra los tiranos. El recuerdo de la amarga vida de los campesinos explotados no lo abandonaría jamás.

Contra los señores de la guerra

Se unió a los hombres de Tung-Hui, la primera sociedad revolucionaria fundada por Sun Yat-sen. Con ocasión de la revolución de 1911 que derrumbó la dinastía manchú y estableció la Republica en China, Chu Teh comandó una compañía de revolucionarios. Estaba al frente de un regimiento cuando la revuelta de Yenán, en 1916, ayudó a liquidar la dictadura del señor de la guerra Yuan Shi-kai.

En 1920 formó parte del levantamiento que persiguió al señor de la guerra Tang Chi-yao de Yunnan. Pero Tang resistió y regresó, y Chu Teh fue obligado a retirarse. Se marchó de Yunnan a Szechwan a través de la provincia de Sikiang.

Catorce años después, el conocimiento de ese itinerario se revelaría importantísimo cuando tuvo que dirigir al Ejército Rojo chino en la maravillosa “Gran Marcha”.

En la tradición de Sun Yat-sen

Como numerosos progresistas de entonces, Chu Teh se unió, a comienzos de 1920, al nuevo partido de Sun Yat-sen, el Kuomitang. Pero pronto se percató de que las ideas revolucionarias del fundador del Kuomitang venían, cada vez más a menudo, de los señores de la guerra, lo oportunistas y los “políticos podridos” que se habían infiltrado en el partido.

En el extranjero, Chu Teh establece contactos con jóvenes que formarán más tarde el Partido Comunista Chino. Visita Alemania, viaja por Europa y América, donde permanece hasta 1926.

Cuando vuelve, ingresa en el partido de los trabajadores de su provincia natal de Szechwan, y más tarde, en el “Central Yahg-tse”, dirige la escuela de entrenamiento de oficiales del Kuomitang, en Nanchang.

Cuando Chiang Kai-shek se pone al servicio de los señores de la guerra y de los grandes terratenientes para organizar la masacre de los demócratas, Chu Teh es uno de los jefes de la revuelta de Nanchang. Esa revuelta es la primera revelación de las fuerzas armadas comunistas, el futuro Ejército Rojo chino.

Un espíritu indomable

Chiang Kai-shek concentra fuerzas muy superiores, en número, que los rebeldes de Nanchang y estos se baten en retirada al sur de China. Sólo doscientos hombres consiguen volver a Hunan, pero con un espíritu indomable, levantan a los campesinos, forman las primeras divisiones del Ejército Rojo de obreros y campesinos y levantan la bandera roja de la hoz y del martillo.

Seis meses después, en mayo, Chu Teh dirige a sus hombres al encuentro de Chiang Kai-shek, base inexpugnable construida por los destacamentos bajo el comandante Mao Tse-tung. Allí es donde Chu Teh ve a Mao Tse-tung por primera vez.

Las fuerzas combinadas fueron organizadas en un Nuevo Cuarto Ejército, con Chu Teh como comandante y Mao Tse-tung como comisario político. Esta fue una formidable alianza contra los señores de la guerra del Kuomitang.

Rápidamente se desarrollaron comités chinos de liberación en Hunan, Kiangsi y Fukien, hasta que Chiang -con los nazis alemanes como instructores militares y reforzado con armas, aviones y sacerdotes norteamericanos- consigue lanzar una ofensiva de un millón de hombres contra 380.000 hombres del Ejército Rojo y de la Milicia Popular.

El Ejército Rojo fuerza el cerco del Kuomitang y emprende la famosa “Gran Marcha” hasta el norte de China, cubriendo 10.000 kilómetros antes de concentrarse cerca de Yenan, al norte de la provincia de Changsi, donde su nueva base fue establecida en 1935.

En la lucha contra Japón

En 1937 los japoneses habían lanzado su bárbara invasión contra China. Durante 8 años, Chu Teh consagró todos sus esfuerzos y energías a la lucha antijaponesa.

El Ejército Rojo, nuevamente reorganizado en el “Octavo Ejército de Ruta”, consigue la primera victoria para China en la transición de Pingh Sing-kuan.

Con Chu Teh y su Estado Mayor, el Octavo Ejército de Ruta penetra profundamente en la retaguardia japonesa, levanta a los pueblos campesinos en una gran guerra de resistencia, en la cual se empeñan los japoneses con más de la mitad de sus tropas en China, convirtiéndose finalmente, al finalizar la guerra, en las fuerzas armadas de los territorios liberados, que contaban entonces con una población de 80 millones de habitantes.

La traición de Chiang

Grandes tareas le esperaban a Chu Teh, jefe estratégico de los ejércitos del pueblo y uno de los principales colaboradores de Mao Tse-tung.

Como premio de la paz después del dia de la victoria, Chiang Kai-shek exigió con arrogancia la disolución de los ejércitos dirigidos por los comunistas en los territorios liberados. A “cambio”, Chiang ofrecía una nueva Constitución en la que haría al Partido Comunista un partido legal.

Habiendo absorbido las armas recibidas de los EE.UU. durante la invasión japonesa -unos 4.600.000.000 de dólares en armas, dinero y suministros de la UNRRA- Chiang lanzó, en julio de 1946, su ejército de 4.300.000 hombres contra los territorios liberados por los comunistas, con la intención de liquidar a estos en un plazo de tres meses.

Un hombre de un optimismo irresistible

He visto recientemente a Chu Teh en su cuartel general de Yunnan. Vestía un uniforme de algodón azul y una capa de lana negra de hilado doméstico. Su cuarto en una caverna era calentado por un simple brasero.

Envidié sus confortables zapatos de tela y plantilla de cuerda, parecidos a los que usan los campesinos de Chansi.

Cabellos grisáceos aparecen en sus sienes bajo un gorro de piel. Su rostro esta lleno de arrugas, pero estas son los surcos del pensamiento de una vida profundamente vivida. Sería una fisionomía severa sino fuese la sugestión constante de una sonrisa en los cantos de la boca, señal de optimismo irresistible, tan característico del pueblo chino.

Contraofensiva democrática

En los últimos tiempos, los millones de hombres de las tropas de Chiang Kai-shek avanzaron en todos los frentes. Chu Teh y su Estado Mayor se preparan para una guerra de vida o muerte, durante meses y meses en las montañas. Entretanto, Chu Teh me decía con calma que en poco tiempo la situación cambiaría. Chiang Kai-shek está a punto de pagar sus “victorias” con pérdidas crueles.

Durante el primer año de la guerra civil, Chiang perdió tres cuartas partes de sus tropas (1 millón de hombres), aunque haya ocupado 141 ciudades de los territorios liberados.

En seguida, el Ejército de Liberación comandado por Chu Teh emprendió la contraofensiva con el efecto de una avalancha. Los comandantes que habían conquistado sus galones en las batallas contra los invasores japoneses destruyeron y desmoralizaron las tropas de lo generales corruptos de Chiang.

Dos años después de acabar con sus mejores tropas, el bando de Chiang pide la paz.

El Ejército del Pueblo, un todo homogéneo

Chu Teh es un genio militar, pero el secreto de su éxito se debe sobretodo a tener como guía una estrategia revolucionaria.

No es casualidad que la dirección del Partido y de las fuerzas armadas estén siempre unidas. La estrategia militar es concebida como una parte íntegra del avance revolucionario para una nueva democracia en China.

El ejército está construido sobre los recursos inexplotables del pueblo.

El Ejército de Liberación trae consigo la reforma agraria, emancipando al 80% del pueblo, que son los campesinos.

Los hombres de los ejércitos de Chiang, cuyas regiones natales son liberadas, reciben un pedazo de tierra si deponen las armas. Esta táctica tuvo el efecto de un disolvente sobre la moral de las tropas del Kuomitang.

Los soldados beneficiados por la reforma agraria tampoco ven por qué deberían combatir al lado de Chiang, cuya victoria significaría la devolución de las tierras a los parásitos.

Así es como centenas de miles de hombres del Kuomitang se pasaron a las filas de los ejércitos de liberación del pueblo, trayendo consigo sus armas para defender las nuevas tierras.

Una Gran Marcha en dirección opuesta

Cuando pregunté a Chu Teh cual era el principal factor de los éxitos del Ejército de Liberación, me respondió: “El apoyo de la población civil”.

Detrás del ejército están las organizaciones de masas del pueblo. Las mujeres cosen los uniformes, fabrican sus zapatos, curan las heridas de los combatientes.

La milicia local se encarga de la defensa de la región y de los deberes del ejército regular.

Las uniones de campesinos constituyen el ejército del reabastecimiento.

Hace 15 años el Ejército de Liberación de China hizo una retirada -la Gran Marcha. Actualmente realizan otra gran marcha completa-, esta vez en dirección opuesta.

Por Jack Chen

Traducido por “Cultura Proletaria” del periódico “A Classe Operária”, nº 175, mayo de 1949.

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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