LENIN: 100 AÑOS DE LAS “TESIS DE ABRIL”

LENIN PRONUNCIANDO SUS “TESIS DE ABRIL” EN PETROGRADO
4 de abril de 1917

Las Tesis de abril son una serie de puntos expuestos por el gran bolchevique ruso V.I. Lenin, en un discurso pronunciado en el Palacio Táuride el 4 de abril de 1917, tras su regreso el día anterior a la entonces todavía capital rusa de Petrogrado desde su exilio en Suiza. Esta tesis postulaba el paso a la segunda fase de la revolución: la conquista del poder por parte del proletariado y el campesinado de los soviets.

Compartimos una recopilación de material referente a las Tesis de Abril, las cuales pueden encontrar íntegramente en internet.

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Discurso de Lenin en el Palacio Taúride, 4 de abril de 1917

Tomado de Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la U.R.S.S. (1939), capítulo VII

“Los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional confirmaban día tras día la justeza de la línea bolchevique. Todos los hechos indicaban que el Gobierno provisional no estaba con el pueblo, sino en contra de él, no defendía la paz, sino la guerra, no quería ni podía dar al país la paz, ni la tierra, ni el pan. La labor de esclarecimiento de los bolcheviques encontraba un terreno favorable.

Mientras los obreros y los soldados derribaban al gobierno zarista y destruían las raíces de la monarquía, el Gobierno provisional se inclinaba claramente hacia la conservación del régimen monárquico. El 2 de marzo envió subrepticiamente a Guchkov y Shulguin a entrevistarse con el zar. La burguesía quería entregar el Poder al gran duque Miguel, hermano de Nicolás Romanov. Pero cuando, en un mitin de ferroviarios, Guchkov terminó su discurso con el grito de “¡Viva el emperador!”, los obreros exigieron que el orador fuese inmediatamente detenido y cacheado, y exclamaron indignados: “¡Tan bueno es Juan como Diego!”.

Era evidente que los obreros no estaban dispuestos a consentir la restauración de la monarquía.

Mientras los obreros y los campesinos, llevando a cabo la revolución y derramando su sangre, esperaban que se pusiese fin a la guerra, luchaban por el pan y la tierra y reclamaban medidas resueltas en la lucha contra el desastre económico, el Gobierno provisional permanecía sordo a estas reivindicaciones vitales del pueblo.

Aquel Gobierno, formado por los más caracterizados representantes de los capitalistas y terratenientes, no pensaba siquiera en satisfacer las exigencias de los campesinos, entregándoles la tierra. Ni podía tampoco dar pan a los trabajadores, ya que para esto hubiera tenido que lesionar los intereses de los grandes comerciantes en cereales y arrebatar el trigo por todos los medios a los terratenientes y a los kulaks, cosa que no se decidía a hacer un gobierno como aquél, vinculado con los intereses de estas clases.

Tampoco podía dar al pueblo la paz. El gobierno provisional, enlazado a los imperialistas anglofranceses, no solamente no pensaba en poner fin a la guerra, sino que, lejos de ello, intentaban valerse de la revolución para intensificar todavía más la participación de Rusia en la guerra imperialista y para dar satisfacción a sus ambiciones imperialistas sobre la conquista de Constantinopla y de los Dardanelos y sobre la anexión de Galitzia.

Era evidente que pronto terminaría la actitud de confianza de las masas del pueblo en la política del Gobierno provisional.

Veíase claramente que la dualidad de poderes, que se había creado después de la revolución de Febrero, no podría sostenerse ya por mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos exigía que el Poder se concentrase en uno de los dos sitios: o en el regazo del Gobierno provisional o en manos de los Soviets.

Es cierto que la política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios encontraba aún apoyo en las masas del pueblo. Todavía eran muchos los obreros, y más aún los soldados y campesinos, que confiaban en que “pronto vendría la Asamblea Constituyente a arreglarlo todo como era debido”, que creían que la guerra no se hacía por obtener conquistas, sino porque era necesaria para la defensa del Estado. A estos era a los que Lenin llamaba defensistas honradamente equivocados. Esta gente consideraba todavía acertada la política de promesas y exhortaciones de los socialrevolucionarios y mensheviques. Pero era indudable que las promesas y las exhortaciones no seguirían surtiendo efecto durante mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional descubrían y ponían de manifiesto día tras día que la política oportunista de los socialrevolucionarios y mensheviques no hacía otra cosa que postergar la acción y engañar a la gente confiada.

El Gobierno provisional no siempre se limitaba a seguir una política de lucha solapada contra el movimiento revolucionario de las masas, una política de manejos subrepticios contra la revolución. De vez en cuando, intentaba pasar a la ofensiva franca y abierta contra las libertades democráticas, intentaba “restablecer la disciplina”, principalmente entre los soldados, intentaba “imponer el orden”, es decir, hacer entrar a la revolución dentro del marco conveniente para la burguesía. Pero, por mucho que se esforzase en lograr esto, no lo conseguía, y las masas populares ponían en práctica celosamente las libertades democráticas: la libertad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación. Los obreros y los soldados se esforzaban en utilizar plenamente los primeros derechos democráticos conquistados por ellos, para participar de un modo activo en la vida política del país, con objeto de poder comprender y esclarecer la situación creada y decidir acerca de su actuación ulterior.

Después de la revolución de Febrero, las organizaciones del Partido bolchevique, que bajo las duras condiciones del zarismo habían trabajado ilegalmente, salieron de la clandestinidad y comenzaron a desarrollar abiertamente su labor política y de organización. Por aquel entonces, la cifra de afiliados al Partido bolchevique era de 40 a 45.000. Pero eran cuadros templados en la lucha. Los comités del Partido fueron reorganizados sobre la base del centralismo democrático y se estableció el principio de designar por elección de abajo arriba todos los órganos del Partido.

El paso del Partido a la legalidad puso de manifiesto las discrepancias existentes en su seno. Kamenev y algunos militantes de la organización de Moscú, como, por ejemplo. Rykov, Bubnov y Noguin, abrazaron la posición semimenshevique de apoyo condicionado al Gobierno provisional y a la política de los defensistas.

Stalin, que acababa de regresar del destierro, Molotov y otros, en unión de la mayoría del Partido, defendieron la política de desconfianza en el Gobierno provisional, se manifestaron en contra del defensismo y preconizaron la lucha activa por la paz y contra la guerra imperialista. Una parte de los militantes del Partido vacilaba, reflejando con ello su atraso político, resultado de su larga estadía en la cárcel o en el destierro.

Se notaba la ausencia del jefe del Partido, de Lenin.

El 3 (16) de abril de 1917, después de una larga expatriación, Lenin regresó a Rusia.

La llegada de Lenin tuvo una importancia enorme para el Partido y para la revolución.

Hallándose aún en Suiza, apenas recibió las primeras noticias de la revolución, Lenin escribió al Partido y a la clase obrera de Rusia, en sus “Cartas desde lejos”:

“¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular, en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución” (Lenin, t. XX, pág. 19, ed. rusa).

Lenin llegó a Petrogrado el 3 de abril por la noche. En la estación de Finlandia y en la plaza que da acceso a ella, se congregaron para recibirle miles de obreros, de soldados y de marinos. Un entusiasmo indescriptible se apoderó de las masas, cuando Lenin bajó del tren. El jefe de la revolución fue cogido y llevado en volandas hasta la gran sala de espera, donde aguardaban los mensheviques Chjeidse ySkobelev para dirigirle un saludo de “bienvenida” en nombre del Soviet de Petrogrado, saludo en el que “expresaban la esperanza” de que Lenin “marcharía de acuerdo” con ellos. Pero Lenin, sin escucharles, pasó de largo, dirigiéndose a la masa de los obreros y soldados, y, subido a un carro blindado, pronunció su famoso discurso, en el que llamaba a las masas a luchar por el triunfo de la Revolución Socialista. “¡Viva la Revolución Socialista!”, fueron las palabras con que Lenin puso fin a este discurso, el primero que pronunciaba, después de largos años de destierro.

A su llegada a Rusia, Lenin se entregó con toda energía al trabajo revolucionario. Al día siguiente de su llegada, pronunció en una reunión del Partido bolchevique un informe sobre la guerra y la revolución, volviendo luego a exponer las tesis de este informe en una asamblea a la que asistieron, además de los miembros del Partido, los mensheviques.

Tales fueron las célebres “Tesis de Abril” de Lenin, que trazaron al Partido y al proletariado la línea revolucionaria clara del paso de la revolución burguesa a la revolución socialista.

Las Tesis de Lenin tuvieron una importancia enorme para la revolución y para el trabajo ulterior del Partido. La revolución significaba un viraje grandioso en la vida del país, y el Partido, en las nuevas condiciones de lucha planteadas después del derrocamiento del zarismo, necesitaba una nueva orientación para marchar con paso audaz y seguro por el nuevo camino. Esta orientación fue dada al Partido por las Tesis de Lenin.

Las Tesis de Abril de Lenin trazaban un plan genial de lucha del Partido para el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, para el paso de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista. Toda la historia anterior del Partido le preparaba para esta misión grandiosa. Ya en 1905, en su folleto titulado “Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, decía Lenin que, después de derrotar al zarismo, el proletariado pasaría a la realización de la revolución socialista. Lo que las Tesis contenían de nuevo era la fundamentación teórica, el plan concreto para abordar el paso a la revolución socialista.

En el terreno económico, las medidas de transición podían resumirse así: nacionalización de toda la tierra del país, mediante la confiscación de las tierras de los terratenientes; fusión de todos los bancos en un solo Banco Nacional, sometido al control del Soviet de diputados obreros; implantación del control sobre la producciónsocial y el reparto de los productos.

En el terreno político, Lenin preconizaba el paso de la República parlamentaria a la República de los Soviets. Esto significaba un importante avance en el terreno de la teoría y la práctica del marxismo. Hasta entonces, los teóricos marxistas venían considerando la República parlamentaria como la mejor forma política de transición hacia el socialismo. Ahora, Lenin preconizaba la sustitución de la República parlamentaria por la República de los Soviets, como la forma más adecuada de organización política de la sociedad en el periodo de transición del capitalismo al socialismo.

“La peculiaridad del momento actual en Rusia -decían las Tesis-consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el Poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que pondrá el Poder en manos del proletariado y de los campesinos más pobres” (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).

Y un poco más adelante:

“No una República parlamentaria -volver a ello desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás-, sino una República de los Soviets de diputados obreros, campesinos y jornaleros del campo, en todo el país, de abajo arriba” (Obra citada, pág. 88).

La guerra, decía Lenin, sigue siendo una guerra de rapiña, una guerra imperialista, aún bajo el nuevo gobierno, bajo el Gobierno provisional. Y es misión del Partido explicar esto a las masas y hacerles comprender que, sin derrocar la burguesía, es imposible poner fin a la guerra, no con una paz impuesta por la fuerza, sino con una paz verdaderamente democrática.

En relación con el Gobierno provisional, Lenin lanzó esta consigna: “¡Ni el menor apoyo al Gobierno provisional!”.

En sus Tesis, Lenin señalaba además que, por el momento el Partido bolchevique estaba en minoría dentro de los Soviets y que en éstos predominaba el bloque menshevique-socialrevolucionario, que servía de vehículo a la influencia de la burguesía sobre el proletariado. Por tanto, la misión del Partido consistía en:

“Explicar a las masas que el Soviet de diputados obreros es la única forma posible de gobierno revolucionario, por cuya razón, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptándose especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, manteniendo, al mismo tiempo, la necesidad de que todo el Poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros…” (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).

Esto quiere decir que Lenin no incitaba a la insurrección contra el Gobierno provisional, sostenido en aquel momento por la confianza de los Soviets, que no exigía su derrocamiento, sino que aspiraba, por medio de una labor de esclarecimiento y de reclutamiento, a conquistar la mayoría dentro de los Soviets, a cambiar la política de éstos y, a través de ellos, la composición y la política del Gobierno.

El punto de vista que aquí se adoptaba era el del desarrollo pacífico de la revolución.

Lenin exigía, además, que el Partido se quitase la “ropa sucia”, que dejase de llamarse Partido socialdemócrata. Socialdemócratas se llamaban también los partidos de los Segunda Internacional y los mensheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el Partido bolchevique adoptase el nombre de Partido Comunista, que era como llamaban a su partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que la meta final del Partido bolchevique es la consecución del comunismo. La Humanidad, al salir del capitalismo, sólo puede pasar directamente al socialismo, es decir, al régimen de propiedad colectiva de los medios de producción y de distribución de los productos en proporción al trabajo de cada cual. Pero nuestro Partido, decía Lenin, ve más allá. El socialismo deberá inevitablemente irse convirtiendo poco a poco en el comunismo, cuya divisa es: “De cada cual con arreglo a su capacidad, a cada cual con arreglo a sus necesidades”.

Finalmente, Lenin en sus Tesis de Abril exigía la fundación de la nueva Internacional, de la Tercera

Internacional o Internacional Comunista, libre de las taras del oportunismo y del socialchovinismo.

Las Tesis de Lenin levantaron un griterío rabioso entre la burguesía, los mensheviques y los socialrevolucionarios.

Los mensheviques dirigieron un llamamiento a los obreros, poniéndoles en guardia con el grito de que “la revolución estaba en peligro”. Para los mensheviques, el peligro consistía en que los bolcheviques lanzasen la reivindicación del paso del Poder a los Soviets de diputados obreros y soldados.

Plejanov publicó en su periódico titulado “Edinstvo” (“Unidad”) un artículo en el que calificaba el discurso de Lenin como “el discurso de un hombre que deliraba“. Y remitíase a las palabras del menshevique Chjeidse, quien había declarado: “Lenin quedará solo al margen de la revolución, pero nosotros seguiremos nuestro camino”.

El 14 de abril, se celebró la Conferencia bolchevique de la ciudad de Petrogrado. En esta Conferencia, fueron ratificadas las Tesis de Lenin, que sirvieron de base para sus deliberaciones.

Poco después, las organizaciones locales del Partido ratificaron también las Tesis de Lenin.

Todo el Partido, con excepción de algunos individuos aislados del tipo de Kamenev, Rykov y Piatakov, aprobó las Tesis de Lenin con extraordinario entusiasmo.”

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Haciendo click aquí puedes ver un extenso análisis de las Tesis de Abril, publicado en 1950, traducido por el blog Cultura Proletaria

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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