CAE EL APÉNDICE SINDICAL DE LA NUEVA MAYORÍA

El jueves 4 de mayo, Barbara Figueroa, dirigente del falso Partido Comunista y presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), ingresó un documento al Primer Tribunal Electoral de la Región Metropolitana, un documento en el que aceptó las acusaciones de irregularidades durante el proceso electoral de la CUT de agosto de 2016.

En el documento ingresado por Bárbara Figueroa señala: “vengo en allanarme de las impugnaciones interpuestas en estos autos por compartir las alegaciones de los demandantes en cuanto a la nulidad de la elección realizada con fecha 26 de agosto de 2016 y, por ende, la necesidad de efectuar nueva elección de Consejo Directivo para la CUT”.

Esto, en palabras simples, quiere decir que Bárbara Figueroa reconoció haber adulterado el padrón electoral, falsificar documentación, robar cajas con material electoral e inscribir votantes inhabilitados, todo para favorecer su lista. Un hecho de tal magnitud que Barbara Figueroa ha sido increpada hasta por el corrupto Arturo Martínez (Partido Socialista), quien declaró a CNN que, con este documento: “Figueroa reconoce que agregó a su lista cerca de 80 mil votos demás, está reconociendo dos certificados fotoshopeados… está reconociendo todas las fechorías que por seis meses negó”.

Este hecho es un fiel reflejo de la crisis política que atraviesan las clases dominates y el oportunismo, que durante años ha actuado como infiltrado de la burguesía en el movimiento obrero. Esta crisis política, que en particular vive la dirigencia de la CUT, no es una crisis del movimiento sindical ni de las amplias masas de trabajadores como lo intenta hacer aparecer la prensa al servicio de los monopolios. Al contrario, el alza de huelgas y luchas que se evidencian desde los años 2006-2007 hasta el día de hoy nos muestran un movimiento obrero que vuelve a retomar las banderas de la organización, la lucha y la necesidad de romper con el oportunismo.

Es importante tener en consideración que la CUT que hoy existe nace como frente sindical de la Concertación a fines de los años 90, bajo la dirección de la Democracia Cristiana. Esta CUT ni siquiera tiene continuidad orgánica con la Central Única de Trabajadores de 1953 y ni siquiera fue capaz de retomar su nombre, sino que de forma oportunista, se llamó a sí misma Central Unitaria de Trabajadores, dejando sólo la sigla CUT.

Los dirigentes de la actual CUT no tienen nada que ver con Luis Emilio Recabarren, Teresa Flores o los mártires de la Escuela de Santa María, entre tantos otros anónimos que derramaron su sangre en la lucha por la liberación de las cadenas proletarias y populares. Bárbara Figueroa, Jaime Gajardo y todos estos falsos dirigentes durante año han utilizado el nombre de los trabajadores para estafarlos y hoy han llegado a convertir a la CUT en un apéndice de la Nueva Mayoría, en un nuevo Ministerio del Trabajo de Bachelet, desde donde cumplen su papel de voceros de gobierno y defensores de la nueva Reforma Laboral-patronal.

Que este 1° de Mayo haya existido una marcha clasista y combativa que convocara a más personas que la marcha de la CUT, demuestra que la clase obrera y los trabajadores buscan su camino rechazando a los oportunistas y traficantes. Demuestra, además, que a pesar de toda la contrapropaganda de la prensa y canales de televisión, que la llamaban “marcha paralela”, “marcha alternativa”, etc., las masas igualmente se plegaron a esta convocatoria, porque vieron en ella una verdadera marcha de trabajadores.

Para captar votos, la dirigencia del Partido “Comunista” quería mostrarse como distintos a los demás partidos electoreros y en medio de la crisis de corrupción, quisieron salir gloriosos, diciendo que tienen las manos limpias y que son el partido más grande de Chile porque hicieron una colecta de firmas. Pero la mentira tiene patas cortas y estos oportunistas no sólo se han coludido con cuanto delincuente hay, sino que además han participado del negociado de la educación, con la Universidad Arcis, utilizando las leyes que dejó el asesino Pinochet y ahora, mediante Bárbara Figueroa, admiten que están metidos hasta las patas en la corrupción sindical y en la repartija de cargos (y dinero), pero es tanta su bajeza, que no son capaces de hablarle de frente a los trabajadores y decirles: “hemos robado, hemos mentido y hemos servido a la gran burguesía y a los terratenientes para beneficiarnos de la explotación al pueblo”. En lugar de hablar claro y a la cara, Bárbara Figueroa reconoce la corrupción en un documento al Tribunal, expresado en un lenguaje enigmático, poco entendible para la mayoría de la gento. Sin embargo, en lugar de ocultar la corrucpción, esto la hace más incontestable y evidente.

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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