EL DRAMA DE AMÉRICA CENTRAL

Publicado por José Ricardo Prieto en la edición n° 189 de A Nova Democracia. La traducción es de Periódico El Pueblo.

Si por un lado, países de América del Sur como Brasil, Perú, Chile, etc. conviven con la minería a gran escala y los conflictos derivados de ella hace muchos años, Centroamérica viene ampliando también sus proyectos de minería, principalmente metálica, en un movimiento perceptible por todo el continente, resultado de la presión con que el imperialismo demanda embarcar las riquezas nacionales de aquellos pueblos en el menor tiempo posible.

A excepción de México, Centroamérica está compuesta de países considerados pequeños, pero que albergan una decena de miles de pueblos tradicionales que ven sus territorios, derechos, usos y costumbres amenazados por el avance de proyectos y operaciones de minería, casi siempre comandados por monopolios transnacionales. Son esos pueblos originarios, muchas veces descendientes de los mayas, las principales fuerzas de resistencia a los grandes proyectos mineros en esa parte del continente.

En el espacio de un artículo sería imposible tratar de todos los países y casos. Lo que se procura aquí es de dar un panorama de la voracidad del imperialismo y, principalmente, de la resistencia popular, que en algunos casos ha conseguido victorias importantes y que, guardadas las debidas proporciones, pueden servir de ejemplo para la lucha de otros pueblos.

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El Salvador

Los primeros proyectos comenzaron a ser presentados en el 2004 en el menor país de América Latina. Sin embargo, considerando la experiencia sudamericana, los salvadoreños concluyeron que los impactos de la minería son mucho mayores que las inversiones y rentas que ellos puedan genera. Pusieron el pie para que las autoridades no llevasen esos proyectos adelante. La mayoría de la población está contra la minería metálica y, el 29 de marzo de 2017, el congreso salvadoreño aprobó la ley que prohíbe la minería de oro y otros metales en el territorio de este país.

Se trata de una histórica victoria, obtenida después de más de 10 años de movilizaciones de amplios sectores de la población.

Panamá

La construcción de la hidroeléctrica de Barro Blanco se inscribe como uno de los mayores impactos ambientales y sociales en aquel país, ya rasgado por el canal que une el océano Atlántico y el Pacífico.

En el día 23 de mayo de 2017, hubo una remoción forzada de un campamento indígena para que la represa comenzase a andar, inundando el territorio del pueblo Ngäbé Buglé. Por fuera de todos los parámetros de lo que el propio imperialismo llama de “sustentabilidad”, Barro Blanco se retiró de los tratados ambientales, asumiendo que los impactos son mucho mayores que los previstos en el proyecto inicial.

Antes de eso, en 2012, en Cerro Colorado, los indígenas protestaron contra las intenciones de las autoridades panameñas de conceder licencias de explotación a empresas de Corea del Sur y Singapur, con bloqueos de entradas entre Panamá y el resto de América del Sur, con un saldo de dos muertos. Se trata de una reserva de cobre con 17 millones de toneladas, equivalentes a tres años la producción chilena, la mayor del mundo.

La legislación sobre minería en Panamá es incierta y, en los últimos años, decenas de proyectos se instalarán en el país, que además de tener al viejo Estado fundado en la corrupción, hecho conocido como paraíso fiscal y financiero para el lavado de dinero.

 

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Autor: Periódico El Pueblo (Chile)

Prensa popular e independiente al servicio de las luchas de los pueblos oprimidos del mundo.

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